El reflejo de un adiós.

Y estaba allí parada tan callada y enigmática como siempre, el rostro empañado por el vapor del agua caliente y sus tibias lagrimas recorriendo su efímera figura…

No eran sus ojos los que me veían, era su mirada la que me perseguía, su mirada triste y ahogada en las palabras nunca dichas que se encerraban en la penumbra de sus pensamientos.

Observaba su cuerpo a medida que pasaba el tiempo y lo único que envejecía eran nuestras figuras y nuestros rostros pasajeros, eran nuestros sueños… nuestros sueños que nadaban en un mar de incertidumbre al siempre dudar de lo nuestro, era esa duda la que me mataba y me trasnochaba pensando en el poco tiempo que nos quedaba y que a su vez nunca parecía acabar. Era la angustia de pensar que nunca había existido un nosotros… que solo existía un yo… y un ella… que para ella yo era un él y para ella, ella era tan solo un yo.

Observaba su imperfecto cuerpo abrazar su quebrantada y hermosa alma, los pequeños pedazos pegados de mala gana y muchas zanjas que aún no terminaban de sanar… esa noche vi algo en ella, que hacía tiempo pensé haber perdido en mi… encontré en ella ese lugar, ese refugio que me abastecía de aquel amor que nunca pude recibir. Ella era mi droga, yo el drogadicto y ahora por fin comprendí aquella vieja frase… que mal de muchos consuelo de tontos… lástima darme cuenta tan tarde que el único tonto fui yo, ya que parecía como si ambos nos estuviéramos haciendo daño, y en verdad el único que se hacía daño a si mismo era yo…

Reconozco que muchas veces aceptamos el amor que creemos merecer y vivimos a la espera de que alguien nos ame, pero es la ironía del destino la que se encarga de juntarnos con aquellas personas en los momentos más caóticos de nuestras vidas, esos momentos en los que no estamos preparados, esos en los que estamos frágiles, vulnerables y mendigando cualquier ofrenda de amor… y es cierto, ¿como terminar con un amor que por más masoquista que parezca, se aprende a vivir con ese dolor que hasta llegamos a confundir con el amor y paso continuo al placer?…

Y es aquí donde entra la razón a jugar con nuestro complicado cerebro y nos cuestiona el: ¿por qué conformarnos con menos de lo que queremos? Y es que a lo mejor la respuesta sea más simple de lo que parece… quizás sea por el temor de decir adiós a aquello que duele dejar de querer porque se empezó a querer, sin querer…

Pero fue solo al final de toda esta complicada novela muda, que me di cuenta de la verdadera razón por la cual nunca existió un nosotros… esa razón, fue porque ella había dejado de ser ella para convertirse en alguien más, ese alguien más era yo, porque ella…ella nunca había existido, ella siempre fui yo, solo era yo a través de un roto, viejo y empañado espejo.

 

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3 comentarios sobre “El reflejo de un adiós.

    1. La experiencia y el amor que sentimos por nosotros mismos es la que nos da la fuerza de reconstruirnos de mala gana o al contrario… somos nosotros los protagonistas y no podemos permitir que alguien nos convenza de que no podemos mejorar.
      Muchas gracias por tu comentario y espero verte pronto por acá…

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